El 13 de mayo el Instituto de Bioingeniería de Cataluña inauguró una exposición con tres obras de cocreación, resultado de la primera edición de Diálogos Abiertos, un programa que conecta artistas y personal investigador del IBEC. Las piezas abordan, desde el diálogo entre arte y ciencia, cuestiones como los sesgos de género en la salud, la traducción sensorial de procesos celulares y una reflexión sobre los paralelismos entre prácticas artísticas y científicas a partir de la experiencia olfativa.

El pasado miércoles 13 de mayo, el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) inauguró, en sus instalaciones del Parque Científico de Barcelona (PCB), la exposición «Diálogos Abiertos: Procesos Compartidos entre Arte y Ciencia», una muestra que recoge los resultados de su programa de cocreación entre artistas y personal investigador.
El acto, que comenzó con una bienvenida institucional seguida de una presentación creativa de los tándems participantes, reunió a cerca de 70 asistentes entre personal científico, artistas y público interesado en esta intersección interdisciplinaria. La jornada se completó con una visita abierta a la exposición, que presentaba tanto las obras finales como materiales del proceso creativo.
El programa Diálogos Abiertos, impulsado por el IBEC con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, la Acreditación Severo Ochoa y el Barcelona Hub de Arte, Ciencia y Tecnología (HacTe), tiene como objetivo generar espacios de encuentro entre disciplinas aparentemente alejadas para explorar nuevas formas de producción de conocimiento. La iniciativa parte de la idea de que el diálogo entre lenguajes —artísticos y científicos— puede contribuir a reformular preguntas y abrir nuevas vías de investigación.








La conexión entre artistas y personal investigador se inició en una hackathon celebrada el noviembre pasado, donde se formaron varios tándems de trabajo. De entre ellos, dos equipos —Janet van der Graaf Mas con Sophie Lubin, y Rohit Nautiyal con Yolanda Uriz— fueron seleccionados para desarrollar sus proyectos con apoyo económico durante cinco meses de residencia y trabajo conjunto. Paralelamente, el tándem formado por Elia López y Laura Torres Brunet también decidió continuar su proyecto más allá de la hackathon, contribuyendo igualmente a la exposición final.
Durante el periodo de cocreación, artistas y personal investigador compartieron laboratorios, estudios y espacios de reflexión, en un proceso que permitió que las ideas iniciales evolucionaran a través del intercambio de perspectivas. El resultado de este trabajo colaborativo se ha materializado en tres obras que exploran temáticas diversas a partir de la investigación científica del instituto.
Ignoradas, desapercibidas, invisibles





Entre las piezas expuestas, Ignoradas, desapercibidas, invisibles: ¿Los fármacos modernos se han desarrollado con las mujeres en mente?, de Sophie Lubin y Janet van der Graaf Mas, aborda los sesgos de género en la investigación y el sistema sanitario, combinando pintura y datos científicos para visibilizar desigualdades a menudo invisibilizadas.
van der Graaf y Lubin destacaron cómo el diálogo entre sus prácticas transformó la manera de trabajar de ambas. «Como investigadora, estoy acostumbrada a planificarlo todo de principio a fin antes de actuar, pero Sophie construye las ideas mientras trabaja y las deja evolucionar durante el proceso», explicaba Janet, que reconocía que esta experiencia la ayudó a ser más flexible y a abrirse a nuevas direcciones dentro del proyecto. Por su parte, Sophie subrayaba el rigor conceptual aportado por su compañera: «Janet tenía siempre una mirada muy clara sobre el concepto central y nos ayudaba a evitar añadir elementos sin sentido». Esta complementariedad les permitió encontrar un equilibrio entre datos, hechos y experiencias humanas, afinando la pieza y apostando por textos que aportaran contexto sin condicionar la interpretación del público.
Core Elements







Por su parte, Core Elements, de Yolanda Uriz y Rohit Nautiyal, proponer una experiencia olfativa basada en la descomposición molecular de la fragancia del romero, estableciendo paralelismos entre las prácticas artísticas y científicas a través de la percepción sensorial. Esta obra olfativa se acompaña de imágenes de las moléculas individuales creadas mediante células vivas, guiadas hacia una estructura concreta, a través de una técnica llamada PRIMO.
Uriz explica que el lenguaje científico le ha aportado «perseverancia, exactitud y precisión en cada acción, así como el foco para alcanzar el objetivo principal». Por su parte, Nautiyal reflexiona sobre el valor del lenguaje artístico y la necesidad de abrirse al proceso: «A veces no hay que darle demasiadas vueltas. Deja que la mente divague y se sorprenda; quizás te encuentres con algo bello que una mirada científica podría pasar por alto. Es importante mantenerse presente en el proceso y no precipitarse hacia el resultado, y no descartar las ideas ‘tontas’, porque pueden llevarte a algún lugar inesperadamente significativo».
Extrusión: Un murmullo del tejido



Finalmente, Extrusión: Un murmullo del tejido, de Laura Torres Brunet y Elia López, presenta una instalación audiovisual que traduce en sonido datos sobre la extrusión celular, convirtiendo un proceso microscópico en una reflexión sobre el cuidado, la exclusión y las dinámicas de los cuerpos individuales y colectivos. Durante la inauguración, la presentación de su proyecto estuvo acompañada por una lectura performativa.
López y Torres pusieron en valor el cruce entre disciplinas como espacio de aprendizaje mutuo. Desde su experiencia, destacan que el diálogo con el lenguaje artístico y científico les ha permitido ampliar la manera de entender los procesos: «Hemos aprendido que no siempre hay que comprender completamente un fenómeno para que sea significativo, ya que puede evocar emociones o sensaciones que, en algunos casos, comunican mejor que los datos». Asimismo, subrayan la dimensión estética y generativa de la investigación científica: «Hay una gran belleza en las imágenes científicas que merece ser observada, y los procesos que investigamos también pueden convertirse en materia creativa en el ámbito artístico». En este sentido, apuntan que dejar que ambos lenguajes se contaminen ha sido especialmente enriquecedor para ambas.
Más allá de las obras finales, la exposición también incluyó rastros del proceso creativo —como cuadernos de trabajo, pruebas de laboratorio o esquemas— que evidencian cómo el diálogo entre arte y ciencia se construye de manera progresiva y compartida.
Con esta muestra, el IBEC pone de manifiesto el potencial de la cocreación interdisciplinaria para generar nuevas formas de comprensión y comunicación del conocimiento. La exposición no sólo presenta resultados, sino que invita al público a adentrarse en un proceso abierto, donde preguntas e intuiciones continúan evolucionando más allá del espacio expositivo.







