Las células se comunican cambiando su entorno
Los investigadores del IBEC y del MIT han demostrado que las células pueden usar su entorno para comunicarse mecánicamente entre sí dentro de los tejidos. Es como cuando un soldado del ejército tensa las cuerdas de una red de entrenamiento para que su compañero pueda ascender con firmeza.
Para abastecer nuestros órganos y tejidos, las células necesitan detectar y responder constantemente a los estímulos mecánicos de su entorno. En general, las células que componen nuestro organismo están inmersas en una matriz extracelular (MEC), un biopolímero hecho de proteínas y glicoproteínas – como el colágeno o la fibrina. Esta MEC proporciona a las células una forma de interactuar con otras células, obtener nutrientes, eliminar residuos y, finalmente, formar tejidos integrales y funcionales.
Cuando las células se mueven, dividen o diferencian, la MEC juega un papel importante en la función celular, por lo que es vital entender con detalle las interacciones célula-matriz. Sin embargo, se desconocen muchos detalles sobre cómo las propias células afectan a la mecánica de esta matriz circundante. No solo eso, sino que los cambios en la MEC desencadenados por las células también pueden propagarse, afectando a sus células vecinas.
Los investigadores del IBEC y del MIT han demostrado que las células pueden usar su entorno para comunicarse mecánicamente entre sí dentro de los tejidos. Es como cuando un soldado del ejército tensa las cuerdas de una red de entrenamiento para que su compañero pueda ascender con firmeza.
El grupo Nanoscopy for Nanomedicine propone las nanopartículas poliméricas de cadena única (SCPN, del inglés Single-Chain Polymeric Nanoparticles) que imitan las enzimas como posibles activadores de fármacos en entornos biológicos, como la célula viva.